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CAPITULO 3

¿Y esto?

Ceci sin aún enterarse de lo que acaba de ocurrir con Raúl, camina sobre la ligera brisa, fresca de la noche, el calor que hace unas horas se sentía, evapora con el liquido y desprende un aroma a asfalto, sus zapatos húmedos y descuidados golpean ligeros charcos que se manifiestan en el camino.

Siente un temor, siente que lo que vivió en el cuarto de África no fue un sueño, sin embargo no se atreve a aceptarlo, ve sus manos, su ropa, su piel, esta intacta, eso la hace desistir de su conciencia.
Camina lentamente, entra a su casa y su mama la recibe sorprendida.
- Hija por que has tardado tanto?
- Disculpa madre, me quede platicando con los padres de África
- Descuida anda a ducharte y regresa a cenar.
- No cenaré mama, estoy muy agotada y me gustaría descansar
- Está bien, duerme tranquila.
Ceci llega a su cuarto, se sienta sobre el suelo a un costado de su cama y apoya sus manos sobre su cabeza y sus codos en sus rodillas, medita, trata de entender algo que no tiene explicación, ahora teme a algo que nunca imagino, siente un miedo a estar sola a llegar a esa casa de nuevo, a solo imaginar esa flor.

Después de un rato de auto lucha se levanta prepara su piyama y se dirige a la ducha, se desnuda y abre la regadera, el agua cae tibia por el dispositivo térmico, ella siente relajación inmediata, cierra sus ojos y un espontaneo relámpago en sus ojos cerrados le plasma la flor, en una imagen súbita y espontanea, rápidamente los abre, con un claro aspecto de agitación, sabe que está alterada por lo reciente, y decide no volver a cerrar sus ojos, sus pies desnudos juegan con el agua que se acumula, ella olvida por un momento todo, de pronto la cortina del baño se agita violentamente y ella grita descontrolada.
Rápido llegan en su auxilio sus padres
- Hija que pasa?
- Mamá la cortina, se agita!
- Es normal hija, la ventana está abierta, en un momento la cierro
Después de eso, ella nota la razón, esta demasiado exaltada y todo momento le hace parecer fuera de lo ordinario, ella agradece y sus padres se retiran.

Termina su ducha, con su pijama y una toalla en el cabello se retira del baño, se recuesta mientras se coloca un par de calcetas, mira a la ventana y está con clara visión al exterior, tímida se levanta y decide taparla con su cortina, justo cuando esta a punto de llegar, el tiempo se detiene, ella pasmada ve pasar los segundos como minutos, una imagen se aproxima desde una distancia lejana con dirección a su ventana, ella con sus ojos sin poder re direccionar ve con un espanto inigualable como se aproxima esa nube, densa y grisácea, es un nimbo con una estructura antropomorfa no clara, lo ve acercarse, ella trata de gritar y su respuesta es ejecutada con una velocidad mínima, quiere correr y sus impulsos apenas reflejan un imperceptible movimiento, cree estar en una visión de cámara lenta.
Cuando la silueta está casi en su ventana, ella despierta, y en un parpadeo regresa a su estado normal, termina el grito, el cierre de la ventana y la orden de moverse, todo en el orden en que quiso hacerlo.

Nuevamente sus padres están ahí, al tanto del grito que su hija lanzó, ella sin embargo no decide hablar, argumentando que ya estaba dormida y que tuvo un mal sueño, ella tapada hasta el cuello con sus sabanas siente un miedo a solo moverse, no puede, aunque trata, de quitarse esa figura de su mente, no quiere dormir, no puede dormir, y solo llora, solo piensa en el momento en que pasará algo que ella no espera, que nadie espera y que terminará por matarla.

La noche es oscura y fresca, ella ve su cortina inmóvil, tiene el deseo de meterse bajo las sabanas, pero teme por el momento en que se descubra y algo la sorprenda, no quiere ocultarse bajo nada, ni mucho menos cerrar sus ojos.

La noche transcurre como si fuera una continua agonía, ella ve un alivio cuando la ventana comienza a reflejar los rayos del sol, y el cálido ambiente comienza a abrigarla, alerta de que tiene que prepararse para la escuela, se dispone a alistar, pero, quiere mover esa cortina, quiere asimilar que detrás de ella no hay nada, se acerca lentamente, a un paso de discapacitado, la toma por un lado y la mueve, ve la calle frente a su casa, repleta de hojas de otoño iluminadas por los rayos del sol, ella con una sonrisa interna es relajada por momentos, siente la protección del día, teme por cuando la noche se presente de nuevo.
Su mama le grita a desayunar, ella rápidamente baja con un gesto muy diferente al de la noche anterior, es clara su mejora, se sienta sobre la mesa, ve los aperitivos y dirige su mirada a sus padres, estos con marcada seriedad se preparan para darle la noticia.
- Que pasa mamá?
- Tenemos que darte una lamentable noticia.
- Que pasó? No me preocupen
- Raúl, el hermano de África, murió ayer por la tarde
- No, no, eso no puede ser posible, yo estuve con el, incluso él se ofreció a acompañarme, pero decidí venir sola
- Si, sabemos que es difícil de creer, pero es así, hoy será su funeral, es tu decisión si gustas acompañarnos
- Mama, no se si pueda, esto es muy doloroso, iré a la escuela no puedo quedarme aquí, y después intentaré presentarme en el funeral.
- Como gustes Ceci, No podemos obligarte.

Ella pasmada, el apetito se le ha ido completamente, apenas hace unos minutos estaba tranquila, recuperándose de una noche pésima, sin embargo no queda mas que aceptar lo que ha sucedido, piensa en que Raúl era la única persona con la que había platicado sobre sus visiones, y el ahora no está, se siente desprotegida, teme por su conciencia, teme llegar a la locura.
Se dirige a su cuarto, se viste con su uniforme y útiles, toma el cuaderno que había ido a buscar a la casa de África, y lo ve, le recuerda lo que sucedió, lo que sufrió y el dolor real que sintió, de pronto involuntariamente, se le cae, lentamente lo ve bajar, las hojas de papel, se mueven y expanden mientras cae, el cuaderno llega al suelo y queda abierto, como separador tenia, una rara, pero conocida… Flor seca.

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